domingo, 14 de octubre de 2012

La carrera de la Casa Blanca

El sorpresivo bajón de Obama desconcierta a todos en EE.UU.

 Aunque el presidente minimizó su pasividad en el debate con Romney y su baja en los sondeos, la alicaída imagen que mostró en los últimos días generó incertidumbre entre los demócratas e impulsó a los republicanos, que hasta se plantearon si en realidad quiere otro mandato Él dijo que fue nada más que "una mala noche, una de esas que tiene cualquiera", y que ya pasó. Tanto minimizó la cosa que llegó al extremo de pedir a sus simpatizantes que "levanten el ánimo", como si la depresión hubiese sido de ellos, y no de él. En el otro extremo, los republicanos, conscientes de estar ante lo que, tal vez, sea su última chance de torcer una campaña en la que vienen pedaleando cuesta arriba, se aferraron a la oportunidad e impulsaron la idea de que, quizá, se esté ante algo más serio. Por ejemplo: ante la impensada hipótesis de un Barack Obama cansado y sin deseo real de ganar un nuevo mandato. "Para tenerlo hay que desearlo. Obama parece haber olvidado esa máxima básica. Y me pregunto si Obama realmente lo desea", sintetizó, por caso, el ex legislador republicano Joe Scarborough, en una columna en el sitio de Internet Politico que dio mucho que hablar. Pero no sólo él. La verdad es que no hubo medio norteamericano -ni, posiblemente, despacho político en esta ciudad- en los que no reinara el desconcierto ante la sorprendente pasividad que mostró Obama en su primer debate con el republicano Mitt Romney. Por momentos, como un boxeador sin oxígeno, ausente . Si mostrarse alicaído y desganado, no parece la mejor receta para ganar una campaña presidencial, que eso ocurra en el contexto de una carrera ajustada, plagada de problemas y entrando en el tramo final, puede parecerse a jugar con fuego. "Fue tan serio lo que pasó que produjo un cambio total en el ánimo demócrata. Durante días, la pregunta dejó de ser qué hacemos ahora, para ser reemplazada por un desconcertante qué es lo que ocurrió", sintetizó Eugene Dionne, de la Brookings Institution, en un ensayo titulado "El ánimo sí cuenta". Los republicanos celebraron el cambio de viento. Pero no duró mucho: la doble sangría demócrata -en la moral y en las encuestas- pareció detenerse el jueves pasado. Ese día, el vicepresidente Joe Biden consiguió lo que se esperaba de él: levantó el temple de la base partidaria a fuerza de sacudir a su contrincante Paul Ryan en el único debate televisivo que les tocó en suerte. Unos 50 millones de personas los vieron cruzarse dardos verbales. Pero la joven promesa republicana no lo hizo nada mal y las cosas quedaron parejas. "Asistimos a un cambio de juego. Lo que resta saber ahora es si se trata de una alteración parcial o si se trata de algo más de fondo", dijo el estratega republicano Wes Anderson. Con más de dos décadas de experiencia en encuestas políticas, aseguró que ambas opciones están aún abiertas. Los últimos indicios mostraban una carrera aún estrecha, pero con un margen que tendía a abrirse a favor de los demócratas. Por caso, anteanoche, el sondeo telefónico de Reuters/Ipsos mantenía al republicano con un punto porcentual por encima de Obama: 46% frente a 45 por ciento. Sin embargo, el día anterior, esa diferencia era mucho mayor y llegaba a los tres puntos. Eso confirma la impresión de que los consultados reaccionaron al intenso debate entre los "número dos" de cada fórmula. "Ya se sabe que los debates de los vicepresidentes no cambian resultados electorales, pero es probable que éste haya sumado para cambiar la marea", dijo la encuestadora de Ipsos Julia Clark. Pasado mañana llegará el segundo debate entre Obama y Romney y, con él, nuevas complicaciones para el presidente, ante la trama que empieza a aflorar tras el ataque al consulado norteamericano en Benghazi. La agresión costó la vida al embajador de Washington en Libia y a tres estadounidenses más. Romney está dispuesto a morder a fondo en eso que algunos republicanos ya definen como un "escándalo". Días pasados, un funcionario del Departamento de Estado y un oficial de la Guardia Nacional, encargados de la seguridad en Libia, confirmaron ante el Congreso que habían pedido refuerzo de la seguridad, pero que Washington rechazó el requerimiento. Los otros ejes de la disputa para esta recta final rondan en torno de la economía. La actividad no termina de recuperarse y el desempleo sigue inquietando a los norteamericanos, pese a haber bajado de la barrera del 8% después de tres años. La deuda fiscal -y la responsabilidad de cada uno de los partidos en ella- es otra parte del debate, así como el temor de una suba de impuestos para solventar gastos. Para el futuro -y para quienes estudian los debates presidenciales- quedará el misterio de lo que le ocurrió a Obama en la noche del 3 de octubre, cuando, a la hora de enfrentar cara a cara a su adversario, pareció desconectado y ausente. No todos aceptaron de buenas a primeras el "una mala noche la tiene cualquiera" que ensayó como respuesta. Por detrás, hubo conjeturas de todo tipo. Desde la "altura" de Denver, donde transcurrió el cruce -a 1609 metros sobre el nivel del mar-, hasta la eventualidad de algún malestar físico o algún calmante de dolor que haya adormecido al presidente. Visto con humor, la mejor síntesis la tuvo el senador demócrata Dick Durbin. "No sé qué le ocurrió al presidente -dijo-. Pero si me permite un consejo, le sugeriría que, antes del debate, coma lo mismo que Biden antes de cruzarse con Ryan. No tengo idea de qué fue, pero le sentó de maravilla."

La torpeza, un factor olvidado


Los observadores políticos tendemos a sobrestimar la astucia como causa de los acontecimientos que comentamos, con olvido de otro factor de similar importancia. Ese otro factor es la torpeza. Los protagonistas se equivocan a menudo, cometen incluso gruesos errores, pero existe entre los observadores la tendencia a sobrestimar sus motivaciones, atribuyéndolas a cálculos sofisticados y hasta a actitudes conspirativas que responden más a la imaginación que a la realidad. Ni los protagonistas ni los comentaristas son tan inteligentes como se supone. Tal ha sido el caso de los gendarmes y los prefectos después del malhadado decreto 1307, que rebajó bruscamente sus salarios por debajo del nivel de subsistencia, lo que provocó una aguda crisis institucional. Sin dudas aquí gravitó un prejuicio ideológico antimilitar que se remonta hasta los Montoneros, premiados y exaltados por este gobierno en desmedro de los uniformados de un modo tal que muchos de éstos todavía padecen cárcel sin condena ni proceso, pese a su avanzada edad. Pero si alguna fuerza había quedado exenta de esta discriminación no fueron por cierto ni los militares ni los policías, a quienes los Montoneros vieron siempre como aliados de los militares, sino los gendarmes y los prefectos sobre quienes había caído la pesada tarea de reprimir para conservar el orden no sólo en las fronteras, que es su "hábitat" natural, sino hasta en el Gran Buenos Aires. ¿Cómo explicar entonces el decreto 1307 firmado por la Presidenta, que afectó sobre todo a los más humildes y leales de sus colaboradores, los gendarmes y prefectos de baja graduación? ¿Cómo explicar que la Presidenta haya castigado, precisamente, a quienes parecían ser sus preferidos? Que se trató de un inexcusable error y no de una maniobra sutil quedó comprobado pocas horas después, cuando el Gobierno, siempre en busca de culpables que lo eximan de sus responsabilidades, le pidió la renuncia a Raúl Garré, hermano de la ministra de Seguridad, Nilda Garré, y presunto redactor del catastrófico decreto, para dar marcha atrás y apaciguar de este modo a los gendarmes. Decía Homero que Ulises, el héroe de la Odisea, era "fecundo en ardides". Del mismo modo, la palabra "torpeza" es fecunda en significaciones. Según el Diccionario, el adjetivo torpe apunta a diversas conductas que consideramos disvaliosas, entre ellas "el moverse con dificultad", "ser rudo", "tardo en comprender", "deshonesto", "impúdico", "lascivo", "ignominioso", "indecoroso", "infame", y hasta simplemente "feo", "tosco" o "falto de ornato". No debe sorprender por eso que los protagonistas prefieran que les digan "malos", e incluso "perversos", antes que "torpes", que acepten el error o el desvío antes que la torpeza porque ésta incluye una descalificación humillante con la que coincidió el propio Perón cuando dijo que lo peor que hay en política no es el vago, sino el "bruto activo" porque su condición, finalmente, no tiene remedio; cuanto más actúa, más la embarra y, sin embargo, sigue actuando. Hay una gran distancia entre lo que pensamos de nosotros mismos, entre la egolatría que nos tienta, y el hecho de que el ser humano es en el fondo un ser errante , no sólo un ser que yerra con frecuencia, sino también un ser cuyo principal capital es, justamente, lo que le enseñan sus errores. Se despliegan de este modo varios caracteres fallidos. El timorato es aquel que se abstiene de pronunciarse por temor a errar. En el otro extremo, está el pedante , que se cree próximo a la infalibilidad. Ninguno de ellos aprende de sus errores. La capacidad de aprender de los errores es, al contrario, la única avenida del progreso. Decía Maquiavelo que hay tres clases de personas: las que saben, las que no saben y saben que no saben, y las que creen que saben. Las primeras pertenecen al reducido círculo de los sabios. Las que no saben pero saben que no saben se han puesto en el trabajoso camino del aprendizaje. Las que creen que saben, pero en verdad no saben, se han puesto, a su vez, en el camino de la ignorancia. Es que hay dos clases de ignorancia . Una, la ignorancia irremediable del soberbio que cree saber, pero no sabe y, por lo tanto, no aprende. Otra, la docta ignorancia de la que habló el filósofo renacentista Nicolás de Cusa cuando, al escribir el libro del mismo título, De la docta ignorancia , sostuvo que sólo el verdadero sabio puede medir la inmensidad de su ignorancia porque intuye el inconmensurable vacío que lo rodea, invitándolo a la humildad. El verdadero problema no es por ello no saber, porque en el fondo todos somos ignorantes, sino estar poseídos por la soberbia de los que se niegan a aprender porque no creen necesitarlo. En los últimos tiempos, el Gobierno ha cometido múltiples errores y torpezas, en el viaje de la Presidenta por Estados Unidos, en el campo diplomático alineándose con Irán y con Chávez y, en el fuero interno asfixiando a la economía. Pero todos estos errores no serían graves si no los acompañara una actitud que podría resultar fatal: la negación de los errores, la incapacidad de rectificarse. Aquí interviene un espejismo: creer que rectificarse es rendirse, suponer que corregirse es claudicar. ¿La soberbia ciega entonces a los que quiere perder? Como vivimos en democracia, tenemos que apostar a la intuición popular. De ella hemos recibido en estos días, por lo pronto, una prueba extraordinaria: que, en lugar de concentrarse casi exclusivamente en la marcha de la economía, como sucedía en el pasado, la intuición popular se ha concentrado últimamente en un factor si se quiere "espiritual": la soberbia del Gobierno, tal como lo mostraron la marcha multitudinaria del jueves 13 de septiembre y otras marchas ulteriores, y tal como quizá podría confirmarlo la marcha del jueves 8 de noviembre. Que la causa de la zozobra popular ya no sea exclusivamente económica, que ahora también intervengan otros factores, ¿no nos habla acaso de una maduración revolucionaria de la conciencia popular? El pueblo que votó ampliamente a Cristina hace un año se componía en verdad de dos segmentos: alrededor de un tercio que es inevitablemente sensible a los favores del Gobierno mientras otro tercio estaba ligado a la clase media y el tercer tercio correspondía a la oposición. La sorpresa del año pasado la dio la clase media que le creyó a Cristina. Desilusionado, este segmento amenaza hoy con dejarla. Pero esta migración electoral, que promete parecerse a la derrota de Néstor Kirchner en 2009, podría manifestarse en 2013 porque este año sólo habrá, como en 2009, elecciones parlamentarias. La espera únicamente podría prolongarse empero hasta 2015, el año de la verdad. Es probable que el deterioro de la imagen de Cristina en el sentimiento popular se siga acentuando aún más en estos años porque, como dijimos, ya no es sólo económico y responde, como advertimos, a causas más complejas entre las cuales están su falta de contacto con la realidad. Aun así, sin embargo, el traspaso del poder en 2015 del kirchnerismo a la oposición no será posible sin el cumplimiento de una condición que podríamos llamar venezolana : la unión de los opositores detrás de un solo candidato. En Venezuela, esta combinación fue derrotada, pero aun así a Chávez le surgió un rival. En la Argentina, tenemos una clase media más amplia que el país hermano, pero también padecemos de un incomparable narcisismo. Si no puede decirse que el triunfo de Chávez fue fraudulento" en el sentido clásico del recuento mentiroso de los votos, ¿lo llamaríamos acaso "democrático"? ¿Y cómo la llamaremos, cuando llegue el momento, a la propia Cristina? 
                                                                                                     Por Mariano Grondona | LA NACION

sábado, 22 de septiembre de 2012

El placer de los dioses

El análisis del filósofo Santiago Kovadloff.
 
En el hinduismo hay varias deidades femeninas. A muchas, en la mejor tradición de su cultura, se las representa vestidas con lo que en occidente consideraríamos poca ropa. Sensualidad implícita. Por su parte, en los politeismos grecoromanos, la figura de la mujer como objeto de culto no solo existe sino que –por caso, en el Olimpo Griego– la promiscuidad pareciera ser un problema. Son varios los mitos que relatan las aventurillas amorosas de Zeus y los suyos, que dieran origen a semidioses, bastardos y apócrifos de toda índole. Pero el cristianismo es muy distinto. A tal punto la fe católica reniega del sexo, visto como fuente de tentación y pecado, que su principal imagen de mujer sagrada es virgen. En la última edición de Noticias, el filósofo y escritor Santiago Kovadloff analiza, entre otros puntos, cómo el relato oficial ha tendido –lenta pero espeluznantemente– a la deificación de sus líderes. La Presidente Cristina Fernández de Kirchner nunca nombra en público a su difunto esposo. Es solo “Él”, sin más presentaciones necesarias. “Cuando ella no lo nombra, hace algo muy interesante”, dice Kovadloff, “Es solo una conjetura, pero creo que no lo nombra porque considera que él no cabe en la palabra. En la tradición judía, a Dios no se lo puede nombrar, porque Dios es lo inconmensurable ¿Y qué palabra puede dar cuenta de lo inconmensurable sin ser en sí una contradicción? Cuando ella no lo nombra, está dando una idea de que lo que él implica rebasa ampliamente lo que de él pueda decirse. Pero, al mismo tiempo, estoy convencido de que ella se atribuye a sí misma un poder de conducción que no puede encontrar paralelo en ninguna figura que ejerza la política sin ese espíritu visionario. La finalidad fundamental [de este modelo] es crear una democracia que ya no esté sujeta a controles, porque hay un proyecto de transformación social que está presidido por un liderazgo iluminado, en manos de un hombre (o una mujer) providencial. Y en este punto reaparece lo religioso (y esto se lo he leído a Fontevecchia en sus columnas): la aparición de un régimen vertical que tiene por finalidad la redención por la vía de la transformación del Estado convertido en un proyecto donde la ley está supeditada al ideal del poder y no al revés”. Quizás esta nueva construcción, la del mito de una “Santa Cristina” –acaso una mayor emulación de la leyenda de Evita– sea la que provocó que tantos se sintieran incómodos ante la tapa de Noticias que habla sobre “El goce de Cristina”. Porque Cristina es Dios. Y –en una patria cristiana y observante de las buenas costumbre– los dioses no gozan.
 
 

De la Sota suma diputados rebeldes y deja al gobierno al filo del quórum

El gobernador recibió al bloque del peronismo federal y tentó a varios itinerantes a plantarse contra el oficialismo. Es parte de su gestión como líder del PJ díscolo, que inició esta semana y seguirá el martes en homenaje a José Ignacio Rucci. La inoportuna licencia de Sabbatella y el efecto cacerola. La presión de la Rosada y el temor por Entre Ríos.
 
Enfrentado con Cristina Kirchner, José Manuel de la Sota se convirtió en el garante de los peronistas no identificados con el Gobierno y por primera vez intervino en el poroteo de la Cámara de Diputados. Su intervención se hará valer en las próximas sesiones cuando al kirchnerismo no le sobre casi nada para conseguir quórum y pueda sufrir cualquier ausencia imprevista. Tal vez por eso, septiembre apunta a ser el primer mes sin que siquiera haya una sesión y, al menos por ahora, sólo está previsto que el recinto se abra para tratar temas motorizados por el oficialismo pero con acuerdo previsto con la oposición, como la reforma al Código Civil y el derecho a votar para jóvenes y extranjeros. De la Sota recibe semanalmente a dirigentes varios en la Casa de Córdoba y el martes fue el turno de los diputados del peronista federal, conducido por el mendocino Enrique Thomas. El invitado estelar fue el santafesino Juan Carlos Forconi, cercano a Jorge Obeid. La reacción del ex mandatario de Santa Fe puede tomarse como uno de las primeras movidas post cacerolazo: hasta ahora, Forconi acompañaba al FPV-PJ, pero no tuvo empacho en mezclarse con los mayores críticos de sus acciones. “No creo que ahora el kirchnerismo pueda contar más de 132 diputados”, confió Thomas ante LPO. Las cuentas no lo alejan de la verdad. Ya nadie en el kirchnerismo puede contar como propios a Juan Facundo Moyano y a Omar Plaini, aunque integren la bancada oficial y se sienten cerca de la conducción del bloque. Acordó su permanencia Héctor Recalde, histórico abogado de Moyano, pero también padre de Mariano, el presidente de Aerolíneas. “Lo presionaron”, se lamentó el camionero antes de su último acto en plaza de mayo, cuando el abogado dedicó la tarde a defender sus proyectos de ley en la sesión. Sin los dos sindicalistas, el FpV-PJ se queda con 114 propios y suma a los siete de Santiago del Estero, tres de Neuquén, dos del PJ Pampeano y ahora a sólo cuatro de Nuevo Encuentro. Ahí estaría con sólo un voto más que el quórum y para engrosar la cuenta tiene hasta ahora al salteño Walter Wayar y al sindicalista matancero Rubén Ledesma y algunas veces a Jorge Garramuño, del Movimiento Popular Fueguino. Y esperar que camino tome Felipe Solá y sus dos aliados. Nada saca de apuros a un oficialismo que comenzó diciembre pasando expedientes por el recinto sin mayor debate. De la Sota ya le restó al Gobierno los votos de sus protegidos Francisco Fortuna y Estela Garnero. Y se reunió con Forconi para invitarlo a seguir ese camino y dejar de ayudar a Rossi cuando le falten votos. Por si fuera poco, esta semana el jefe de bloque tuvo la mala noticia de que perderá un voto con la partida de Martín Sabbatella a la Asociación Federal de Servicio Audiovisual. El ex intendente de Morón se pedirá licencia y no será reemplazado, ya que si eso ocurriera su lugar lo ocuparía el líder de Libres del Sur, Jorge Ceballos. Temor al gallego
En el Gobierno nacional ya ven a De la Sota como el motor del peronismo opositor, capaz de complicarle la elección en varias provincias y restarle legisladores necesarios para llegar a los dos tercios que hacen falta en una reforma constitucional. Tal es así que ayer tuvo una reacción inmediata cuando supo que el gobernador de Córdoba se había reunido con Jorge Busti, ex mandatario de Entre Ríos y derrotado en la elección de octubre. Anoche mismo, el gobernador Sergio Uribarri, recibió a los cinco intendentes entrerrianos que arribaron de la mano del Frente Entrerriano Federal, la fuerza de Busti. Son el de Colón, Mariano Rebord; de Ubajay, Tomás Aguiar; de María Grande, Hugo Maín; de Basavilbaso, Silvio Valenzuela y de San Salvador, Marcelo Berthet. Según un cable de la agencia oficial Telam, los intendentes ratificaron su alejamiento de Busti y serán recibidos nuevamente en el PJ, luego de que un congreso levante su suspensión. “Esta es una decisión que como presidente del partido he tomado en la reunión de anoche pero que ya venía analizando, y que se va a formalizar en una reunión del Consejo Provincial a la que voy a convocar para el 1º de octubre", celebró Uribarri Los cinco alcaldes no concurrirán el martes a lo que será la primera demostración de fuerza de De la Sota: un acto frente a los tribunales de Comodoro Py para pedirle al juez Ariel Lijo la reapertura de la causa por la muerte del sindicalista José Ignacio Rucci, hace 29 años. “Sabemos que hubo una participación política del ex gobernador Oscar Bidegain”, afirmó Thomas. Su hija, Gloria Bidegain, es diputada del Frente para la Victoria, una de las que no puede faltar que garantizar el quórum

"Extrañamos a Néstor Kirchner"

El rabino y legislador del PRO Sergio Bergman admitió que “los que criticábamos a Néstor Kirchner, en algún punto lo extrañamos". "Jamás hubiera permitido que un Moyano se le vaya", advirtió.
 
El legislador porteño del PRO Sergio Bergman dijo hoy que “los que criticábamos a Néstor Kirchner, en algún punto lo extrañamos, porque el pragmatismo que había construído hacía que no se le escapara ninguna tortuga”. Bergman, en compañía del jefe de campaña de PRO, Humberto Schiavoni, visitaron Misiones para poner en marcha la campaña por la candidatura del titular de esta fuerza política, Mauricio Macri, a presidente de la Nación en 2015. Como vocero de la gira, el rabino Bergman dijo que el PRO no descarta alianzas con el radicalismo, el socialismo o el peronismo, pero advirtió que “falta la inteligencia para lograr esa unión, la generosidad que todavía no demostramos”. Con respecto a su comentario acerca del gobierno nacional, señaló que “muchas veces se subestimó al kichnerismo, que ya no existe más, porque lo que tenemos ahora es el cristinismo”. Añadió que “aquellos que inclusive criticábamos a él (por Néstor Kichner), hoy en algún punto lo extrañamos, porque el pragmatismo que el tenía para no desbancar el proyecto de poder y de caja que había construido hacía que no se le escapara ninguna tortuga”. A modo de ejemplo, puntualizó que el ex presidente “jamás hubiera permitido que un (Hugo) Moyano se le vaya, porque fue un socio estratégico en la construcción de poder”. Pero “tampoco dispararía contra su pierna derecha, que es la provincia de Buenos Aires, que le dio un caudal de votos, ninguneándolo, aislándolo a su propio gobernador; y jamás hubiera ido en contra de lo que genera riquezas, que son de alguna manera los empresarios”. Por esas razones, Bergman señaló que “acá estamos en un problema mucho más crítico. Una cosa es cuando él hablaba y nunca compraba el discurso que vendía, y el grado de radicalización que tenemos ahora en un límite casi de fundamentalismo, donde ella compra el discurso que vende”. Consideró que la presidenta Cristina Kirchner “está dilapidando la caja y el poder en seis meses, algo inaudito en la política argentina, porque siempre la economía dañó a la política, pocas veces la política está en condiciones de dañar tan seriamente una oportunidad histórica que tenemos”. Posteriormente, advirtió que “están madurando en la sociedad, en términos de autoconvocarse sin darle ningún crédito a ninguna estructura política y partidaria, los indignados de Cristina, movimiento de indignación popular autoconvocados”. Dijo que la protesta del pasado 23 de este mes, “parece una señal y por otro lado la oposición que ya no tenemos margen para que nos pase lo mismo que en 2009, en donde ganamos la elección pero la perdimos, porque él (por Néstor Kirchner) nos mandó a votar en junio y asumió en diciembre”. En ese lapso, según expresó el legislador porteño, “nos mandó con papas fritas, de manera express, la minuta de todas las leyes fundamentales de las que ahora estamos pagando los costos: la Ley de Medios, las AFJP, cuando el pueblo ya había votado, pero esa nueva mayoría no había asumido".

Ley de Medios: El gobierno avisa que no expropiará ni estatizará Cablevisión

El Gobierno nacional comenzó a emitir hoy un spot publicitario en el que ratifica que a partir del 7 de diciembre el Grupo Clarín deberá adecuarse a la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. De cumplir la norma, avisó que concursará las licencias que excedan lo permitido por la norma. Pero señaló que “no expropiará ni estatizará medios de comunicación”.
 
El mensaje fue difundido esta tarde durante una pausa de Automovilismo para Todos y también en el Fútbol para Todos, antes del comienzo del partido por el Torneo Inicial entre San Lorenzo y Vélez Sarsfield, a través de la televisión pública. Con similares características a los spots que el Gobierno había puesto al aire contra los gobiernos de la Ciudad de Buenos Aires y de Córdoba. En esta ocasión, el spot fue firmado por la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual (AFSCA) y en él se remarcó la fecha de 7 de diciembre como el día de la puesta en vigencia del artículo 161 de la nueva ley de Medios, aprobada hace tres años y recurrida por "inconstitucional" ante la Justicia. Sucede que en mayo de este año, la Corte Suprema de Justicia dictaminó que el 7 de diciembre de este año deja de estar vigente la medida cautelar que había suspendido el artículo en cuestión presentada por el Grupo Clarín. El Gobierno entiende que a partir de ese momento el grupo que comanda Ernestina Herrera de Noble debe desprenderse de las licencias que no se adecuen a la LSCA aunque Clarín advirtió que continúa sin resolverse la cuestión de fondo sobre si el artículo es constitucional o no. Así, el spot dice que “la fecha límite para cumplir la ley” es el 7 de diciembre y que “tres años después, el grupo Clarín se niega todo, no reconoce al AFSCA, se niega a presentar un plan de adecuación y así ignora a los tres poderes de la Nación”. “El estado se verá obligado, si Clarín se niega a cumplir la ley, a llamar a un concurso público, garantizando las fuentes de trabajo, para adjudicar aquellas licencias que excedan el máximo autorizado por la ley a nuevos titulares, quienes obviamente, deberán cumplir con todos los requisitos legales, como cualquier hijo de vecino”, sostiene el corto publicitario. De todos modos, sostiene que “el Estado argentino no va a expropiar medios de comunicación ni va a estatizar medios de comunicación” y recalca que “Va a garantizar las fuentes de trabajo”. Eso sí, no niega que pueda intervenir. Además, el spot sostiene que luego de la sanción de la LSCA “algunos grupos presentaron medidas cautelares para que no se ponga en vigencia el sistema de adecuación, pero, nobleza obliga, tenemos que admitir que todos reconocieron desde su origen al AFSCA, salvo el grupo Clarín”. “Por la ley aprobada en el Congreso, cada grupo puede operar como máximo en el país 24 licencias de televisión por cable y 10 abiertas. El grupo Clarín tiene más de 240 sistemas de cable, 9 radios AM, 1 FM y cuatro canales de televisión abierta”, remarca el video. El Gobierno ya bautizó a la fecha clave como “7D” pero el spot dice que la letra “D” además de remitir a “diciembre” puede vincularse con “democracia” y “diversidad”. La respuesta del Grupo El contraataque del Grupo no se hizo esperar. En una nota en el diario Clarín, señaló que "el 7 de diciembre no debe suceder nada". "Es que si a esa fecha no está resuelto el juicio de fondo, donde se discute la inconstitucionalidad de los artículos 161 (desconocimiento de las licencias vigentes) y 45 (régimen arbitrario y discriminatorio de licencias), puede prolongarse la medida cautelar. Esto lo dijo la propia Corte Suprema en el fallo del 22 de mayo. Pero si para diciembre no se terminara el juicio de fondo, ni se prolongara la cautelar, en el peor de los casos, ese día recién entraría a regir para el Grupo Clarín el artículo 161, que establece un año de plazo para la llamada adecuación. Ese año incluso fue reglamentado por el Gobierno y el AFSCA, a través de un decreto y dos resoluciones. Y con ese año, como mínimo, cuenta el Grupo Clarín para obtener una sentencia de fondo de inconstitucionalidad. Esto fue ratificado por constitucionalistas tan diversos como Mario Midón, Martín Böhmer, Carlos Laplacette, José Miguel Onaindia, Gregorio Badeni, Daniel Sabsay y Andrés Gil Domínguez", dice el diario Clarín.

domingo, 16 de septiembre de 2012

Lorenzetti: "No veo necesidad de reformar la Constitución"

El presidente de la Corte Suprema aseguró que "no ve un planteo concreto de reforma" de la Carta Magna. Qué opina del voto joven
 
Somos muchos los ciudadanos con hijos y nietos que quizá se encontrarían, a los 16 años, con la posibilidad de votar. Y, más allá de las opiniones personales, quisimos buscar la palabra del presidente de la Corte Suprema de Justicia. El Dr. Ricardo Lorenzetti tiene un hablar de términos explícitos y claridad de ejemplos. Y, periodísticamente, es fascinante seguir su pensamiento.
—Mire –explica–, nosotros tenemos aquí, cuando hablamos de los menores de edad, distintos aspectos. Hay cosas importantes que aclarar. En primer término, en materia civil. Es una cuestión absolutamente distinta. En el proyecto de unificación del Código Civil, nosotros postulamos la capacidad progresiva en materia civil que es, por otra parte, lo que señalan las convenciones internacionales con respecto a los Derechos del Niño y, en general, la Convención que protege los Derechos Humanos. Todas hablan de capacidad “progresiva”. Es darle, gradualmente, mayores facultades. Por ejemplo, actualmente al niño se le reconoce el derecho a estar en juicio y entre los 13 y los 16 años se le reconocen facultades para tomar decisiones personales sobre su cuerpo siempre que no sean lesivas. A partir de los 16, entonces, se le reconocen facultades para disponer de su propio cuerpo. Es decir que hay un reconocimiento de la capacidad progresiva en materia de derecho civil. En materia penal, en cambio, hay mucha discusión acerca de si los 16 años son un límite o no. Es decir, hay muchas propuestas que quieren bajar el límite de imputabilidad. Es un tema que está en discusión en el Congreso de la Nación. Y, en el plano de los derechos políticos, la situación es completamente distinta. Es un tema controvertido. Por un lado, tenemos las experiencias vividas en otros países. No son muchos…
—Brasil es uno de ellos, ¿no?
—Sí. Pero, en realidad, son pocos. No hay una experiencia acerca de cuál es el resultado. Me refiero a una experiencia suficientemente amplia. Hay mucho ir y venir: si los chicos participan; si no participan… En fin, diría que en segundo lugar, creo que este tema tiene que ser valorado en el contexto legal argentino. Hay que ver muchas otras cuestiones antes de darle a los jóvenes (así, sola) esta facultad.
—¿Quizá una costumbre argentina?
—Nosotros tenemos siempre una simplificación de los temas. Y cuando uno dice si un chico puede votar o no… bueno, obviamente puede votar. Nadie puede discutir eso. El problema es el contexto en el cual esto se aplica: ¿tenemos nosotros un sistema educativo que los está capacitando para eso? ¿Estamos favoreciendo el desarrollo de los jóvenes para que puedan ejercer ese derecho? Porque los derechos tienen un presupuesto. En abstracto se puede decir “estoy a favor o en contra”. En principio me parece bien, ¡pero el contexto en el cual uno aplica el Derecho no es tan sencillo! Si hablamos, por ejemplo, de muchos chicos que no tienen educación o que la pierden porque hay mucha deserción escolar… si, además, tenemos problemas de marginalidad social, ahí el tema se vuelve más difícil.
—Pero fíjese, doctor Lorenzetti, que aun en los mejores colegios hay un problema con la comprensión de textos. Como los chicos no leen (o muy poco), carecen de facilidad para la comprensión de textos. Y esto abarca a todos los niveles sociales…
—Sí. Creo que, en general, la comprensión política de los chicos es algo que va creciendo. Los menores tienen cada vez más idea de lo que pasa en el mundo por el propio manejo de la tecnología y la información, pero eso no significa que tengan “formación” política. Creo que hay que trabajar en el presupuesto de los derechos y no tomar decisiones apresuradas. También creo que esto puede plantearse, pero antes hay que trabajar en todo lo que hace falta para que ese derecho sea ejercido con buenos resultados.
Y, en tercer lugar, me parece importante (además de las experiencias de Derecho Comparado y la idea de Presupuestos) comprender que el ejercicio de un derecho político es un tema en el cual hacen falta muchos controles judiciales porque aquí hay toda una cuestión de empadronamiento, control acerca de quiénes son los que votan, garantizar la libertad para que el ejercicio del voto sea un derecho y no una utilización, etc. Entonces, nosotros vemos que en la Argentina es necesario, también, trabajar en un mayor control judicial del proceso electoral. Por otra parte es lo que vienen planteando la Cámara Electoral y casi todos los jueces de jurisdicciones electorales. Y eso se aplica aun más cuando se habla de voto de extranjeros. Ahí el control judicial tiene que ser muy fuerte porque, de lo contrario, son experiencias que terminan en conflictos.
—Lo que ocurre en Formosa…
—Por eso. No se puede analizar un tema en abstracto. Uno puede decir: “Estoy a favor. Y, sí… Me parece que sería bueno…”. Pero hay que trabajar todo este contexto para que, luego, no tengamos frustraciones y los chicos realmente puedan ejercitar libremente ese derecho…
—También es interesante observar que, hasta ahora, los chicos no se han manifestado en grupos o en forma callejera. Hemos visto cortar la calle Marcelo T. de Alvear porque no les gustaba el buffet del Pellegrini o la calle Alsina cuando despidieron a un portero del Buenos Aires, pero no hemos visto ninguna manifestación ni protesta para pedir el voto a los 16 años. Quizá también sea importante respetar los tiempos y los intereses de cada edad, de cada etapa de la vida…
—También se pueden hacer experiencias. Gradualmente. Por ejemplo, habilitando el voto juvenil a nivel municipal. Eso existe, por ejemplo, en la Ciudad de Buenos Aires. Su Constitución lo prevé.
—Sería interesante…
—Por ejemplo, también, cuando uno tiene que tomar decisiones de este tipo, de las cuales no hay muchos antecedentes y no está claro cuáles podrían ser los resultados. Además tenemos este tema de Presupuestos educativos, económicos, sociales… Se puede comenzar, entonces, haciendo experiencias más acotadas. A nivel municipal y luego, avanzar. Creemos que es bueno ir probando y haciendo experiencias hasta ver cómo funcionan. Creo que la participación de los chicos en la vida social, económica y política es muy formativa. Cuando están en la escuela también tienen que participar en otras actividades. Es parte de su formación relacionarse con la gente. A veces, hay chicos que están muy encerrados y necesitan sociabilidad. Entonces, creo que es un buen componente pero nuestro deber y el de todos los que formamos la sociedad es trazarles un camino que los conduzca a la plenitud y no a la frustración.
¿Les brindamos algo como para que se entusiasmen y después fracasen? No. Entonces hay que pensar en un sistema y pensarlo seriamente.
—Además, para un ciudadano responsable, el deber de elegir a sus gobernantes es fundamental… Por supuesto que también es un tema de conciencia para nosotros los adultos.
—Sin duda. Es un tema de gran responsabilidad y yo creo que los argentinos hemos tenido ya un proceso democrático en los años 80 que es un aprendizaje importante. Nuestra gente discute mucho de política. Es un país con un alto nivel de discusión política muy diferente de lo que ocurre en otras naciones de la región y del mundo. Pero también vemos, en países desarrollados, niveles de participación mucho más bajos que los nuestros. Al argentino le interesa la vida política, discute, sabe lo que está pasando. —Bueno, los grandes. Los chicos no leen el diario… no tienen mucha idea.
—Por eso, los grandes discuten, participan, y también yo creo que es bueno que los chicos se vayan introduciendo gradualmente. Esto forma parte de la vida educativa pero, a la vez, requiere seriedad, una organización, experiencias graduales. Me parece que es un tema para discutirlo.
—Además usted, doctor, lo enfoca con mucha sabiduría. Porque no es cuestión de decir “sí” o “no”. Este es un tema de elaboración. Como otros del Nuevo Código Civil. Hemos leído unas declaraciones suyas al respecto diciendo “no tendrá referencias al aborto. No lo regulará”. ¿Es así?
—Sí. Porque el aborto es un tema del Código Penal. En nuestro sistema legal, el aborto es un delito. Entonces es un tema que se trata en materia penal. No en materia Civil. En materia Civil lo que se regula son las consecuencias que derivan del hecho que una persona nazca con vida. Entonces, si “nace” es un hijo y por lo tanto el Código Civil regula las relaciones de los hijos con los padres y, luego, si muere regula la sucesión y, luego, todos los actos de esa persona durante su vida. Las consecuencias de nacer son las que regula el Código Civil. Las consecuencias de atentar contra la vida (o no). Esto depende de la definición que uno le da a la vida. Le reitero que el aborto es un tema del Código Penal y no se discute en materia civil.
Nosotros hoy tenemos el aborto regulado en el Código Penal. No está en el Código Civil. Hoy, en Argentina, el aborto tiene una prohibición general y tiene excepciones. Respecto a las excepciones la Corte ha dado un fallo aclarando cómo deben ser interpretadas esas excepciones y diciendo que debe haber protocolos en los casos de la mujer violada a quien se le debe dar asistencia. Entonces, la discusión general acerca de si debe cambiarse esa regla, de que el aborto es un delito y debe ser sancionado (como lo establece el Derecho hoy vigente) es un tema que se va a discutir en la reforma del Código Penal o en una ley especial. Y le digo esto porque quienes están trabajando en la reforma del Código Penal (otro grupo que no es el nuestro) en realidad recién han comenzado su tarea y nos han dicho que es un tema que debe ser discutido en una ley especial y no en el Código Penal. Por lo tanto la materia civil no tiene nada que ver con el aborto.
Nosotros nos ocupamos de las consecuencias. Al regular esto el Código contempla dos situaciones: una, las consecuencias de nacer vivo y de manera natural. Ahí se mantiene la regla que existe actualmente: uno es persona desde la concepción y, por lo tanto, nace y tiene derechos. A esto hemos agregado la fertilización in vitro. Esto genera una gran discusión. Hoy, en Argentina, hay muchos centros que hacen fertilización in vitro y niños que nacen en esas condiciones. Frente a este fenómeno hay una posición que dice no estar de acuerdo y desea prohibirla. Nosotros hemos dicho que ya es tarde para prohibirlo en nuestro país; el Estado ha autorizado esos centros y las obras sociales han comenzado a cubrirlos. Hay sentencias que ordenan pagar la fecundación in vitro y, por lo tanto, no podemos prohibir esa práctica que ya está instalada.
Lo que tenemos que hacer es resolver esos problemas que son las preocupaciones concretas de la gente cuando un chico nace por fertilización. Por eso decimos que, si hay fertilización, el embrión implantado (y que se sabe que nace) es materia civil. Aquí entonces tenemos dos situaciones: el chico que nace naturalmente con filiación biológica y el que nace porque se implanta el embrión en la mujer. Como ya le he explicado, aquí ya tenemos consecuencias civiles.
—¿Y en cuanto a los embriones no implantados?
—Bueno, no nacen. Por lo tanto no es un tema del Código Civil. Hemos señalado que debe dictarse una ley especial para su protección. La Iglesia Católica, por ejemplo, sostiene que son personas. Otros sectores sostienen que no son personas. Pero nosotros no hemos abierto opinión sobre eso porque no pertenece al área civil. Tenemos una idea pluralista de la sociedad. Es decir que cada uno tiene derecho a decidir el modo en que vive y, obviamente, se puede tener, o no, una creencia religiosa, y eso es muy respetable. Puede vivir perfectamente de acuerdo a sus convicciones en este código o proyecto. Hay que proteger la libertad de las personas adultas para tomar las decisiones acerca de su propia vida.
—Y en cuanto a la posibilidad de una reforma constitucional, ¿qué piensa, doctor Lorenzetti?
—Por un lado me parece bien que esto se discuta. Creo que el debate siempre es bueno y creo que, en materia de Constitución (lo mismo que con respecto al Código Civil y al Código Penal) siempre se ha discutido. Es un debate sano en las universidades. Ahora, hablar en concreto de una reforma constitucional… la verdad es que no se ha planteado nada y el día que lo planteen, lo hablaremos. Ya he dicho muchas veces que no veo en concreto qué es.
—Bueno, se habla constantemente de re-reelección y una cosa implica la otra.
—Bueno, si se habla de re-reelección habrá que discutir qué piensa la sociedad sobre el tema. Pero, hasta ahora, lo que ha habido en este sentido… Por ejemplo, los intelectuales de Carta Abierta (conozco a varios de ellos y muchos son gente seria) opinan de una determinada manera. En ese sentido, me parece que la Constitución actual ha sido reformada por la misma generación que hoy está todavía. Tenemos constituyentes del ’94 que están en la Corte y en el gobierno y en el Poder legislativo. O sea que no hay un cambio generacional que justifique aquello de “¡ahora hay otras ideas!”. Son, más o menos, las mismas.
—No es el Código Napoleónico.
—Claro. Por otro lado, creo que cuando se dice “lo que hay que hacer aquí es introducir nuevos derechos” nosotros, en nuestra práctica, vemos que hay muchos derechos declarados. Lo que la gente quiere es que sean aplicados. El enfoque debe estar entonces más en la implementación de los derechos. En hacerlos realidad.
—Disculpe mi ignorancia, doctor, pero ¿cuál sería un derecho declarado y no aplicado?
—Cuando nosotros decimos que queremos reformar la Constitución para ampliar los derechos lo cierto es que, muchos más, no hay. Casi todos están en la Constitución. Lo que hace falta es aplicarlos. Por ejemplo, uno puede decir “en la Constitución debería haber un derecho a la vivienda”. Bueno, eso ya está. El problema es ¿cómo hacemos? ¿Le damos vivienda a todo el mundo? Nosotros hemos tenido, aquí en la Corte, casos del derecho a la vivienda. Bueno, nuestra Constitución tiene muchísimos derechos y lo que realmente necesita la gente es gozarlos, tenerlos. Que sean efectivos. Y no seguir agregando más derechos en un papel o en una Constitución.
En cuanto a la organización del poder institucional, éste es también un tema muy discutido. En nuestro país hay muchos que proponen el paso al parlamentarismo. Por ejemplo, mi colega el doctor Zaffaroni. Lo hemos hablado con él muchas veces. Yo creo que, en teoría, también es una cuestión opinable. A discutir. Muchos autores, en el mundo, hablan de la necesidad del parlamentarismo.
—Como en Inglaterra. Con un primer ministro.
—Claro. Lo que pasa es que, en la Argentina, cuando se hizo la reforma de 1994 se intentó introducir algunos aspectos del parlamentarismo para disminuir el sistema presidencialista. Cuando usted hace una Constitución es como si insertara una planta en la tierra. Si esa tierra es propicia, crecerá. Si no, no. Tenemos una larga historia de presidencialismo y todo lo que se dice en la Constitución del 94 para ir al sistema parlamentario no funcionó. Seguimos siendo “tan” presidencialistas como antes.
—Somos “más” presidencialistas que antes, doctor.
—Bueno. Por eso en la práctica política uno no puede legislar en el aire. Una cosa es discutir la teoría pero otra es ir a la práctica. En Argentina hay una práctica presidencialista en todos los partidos y en la sociedad. Es muy difícil entonces decir “ahora cambiamos y vamos al parlamentarismo”. Es una situación que hoy tampoco funcionaría. Y, finalmente, si se va a hablar de la reelección se discute eso pero lo demás… yo no lo veo claro. Por supuesto que siempre hay cosas que se podrían agregar. Por ejemplo, mecanismos más participativos como propone Gargarella. Eso me parece bien.
—¿Por ejemplo?
—Lo que se llama el estatuto del poder, la máquina en la que se toman las decisiones, se ha pensado en el siglo XIX con ideas del siglo XVII. Es decir, estamos hablando de una sociedad lenta. Los tiempos eran distintos. Hoy, la gente decide cosas todos los días. No ocurre como en el pasado en que se estaba conforme votando una vez y, después de seis años, se decía “¡bueno, vamos a votar de nuevo!”. Hoy la gente vota y, al día siguiente, empieza a discutir. Es una democracia que llamamos “intensiva”. Entonces, en el ínterin de ese período durante el cual uno elige a un representante de cualquier nivel que sea, es necesario instrumentar mecanismos de participación en las decisiones que se toman. Cambiar una Constitución es un tema muy importante.
Hoy estamos en la etapa de cambiar los códigos que son la Constitución aplicada. Esto es lo que afecta más directamente la vida de las personas. Tenemos que solucionar los problemas de los argentinos…
—Un problema que se plantea, por ejemplo, cuando hablamos de los jóvenes es una cuestión de principios: los bienes del Estado, los bienes de la comunidad son de la comunidad y del Estado y no son de aquellos que, accidentalmente, conducen un país. En ese sentido hay una gran confusión que es deletérea para los jóvenes. El uso excesivo de los medios de comunicación; de aviones, autos, helicópteros. ¿No cree usted, doctor, que tiene que haber una norma clara sobre lo que significa en conciencia ser apenas un inquilino del poder?
—Esa es una práctica que todos debemos aprender. Cuando somos designados en una función pública siempre tenemos que pensar en servir a los demás. Es una responsabilidad que se nos otorga para servir a los demás. Y ése tiene que ser el enfoque. Yo nunca había estado antes en la vida pública y esto lo he vivido muy fuertemente aquí en la Corte. Uno siente ese shock. Y, particularmente, siempre trato de resguardar los puntos de contacto con la vida cotidiana para no dejar, justamente, de ser un ciudadano común. Si no, es fácil alejarse de la realidad. La función de gobierno a uno lo aísla muchas veces de las preocupaciones de la gente común. Y esto requiere un gran esfuerzo: estar en contacto con la gente, sentir sus problemas. Creo que es un aprendizaje de todos y no de uno solo.
—Yo recuerdo una noche, en el Teatro San Martín, viendo “El enemigo del pueblo”, que usted llegó solo y cuando lo reconocieron no quiso aceptar una buena ubicación y se quedó en el fondo de la sala, a donde había pagado su entrada. Ahí usted dio un ejemplo de ciudadanía. Lorenzetti sonríe levemente y, luego:
—Todos debemos conservar una vida normal porque uno está en una función de responsabilidad pero sigue siendo una persona común. Vive dentro de una sociedad y tiene que seguir en contacto con ella escuchando y aprendiendo a captar lo que la gente está sintiendo en un determinado momento histórico.
Por Magdalena Ruiz Guiñazú