sábado, 11 de junio de 2011

Scioli y el PJ


El oficialismo está en pleno proceso de control de daños luego del impacto del escándalo Bonafini-Schoklender, aunque todavía nadie se atreve a predecir cuáles serán los costos electorales. Por el momento, lo que se advierte es el aumento de los conflictos en la primera línea del kirchnerismo. Golpeado por la inexistencia de los controles de su ministerio sobre los fondos entregados a la Fundación de las Madres, Julio De Vido habría aprovechado para decirle esta semana a la Presidente que su intención es renunciar lo antes posible. También le había explicado que, a su juicio, en su segundo gobierno deberían reunificarse Economía y Planificación Federal, porque el objetivo del planeamiento estratégico ya está cumplido. Hay indicios de que el futuro superministerio sería para Amado Boudou. Pero en Olivos ya no hay clima para hacer planes de gobierno. La coyuntura manda y las dudas de CFK acerca de su candidatura alimentaron otra vez las operaciones políticas. Por ejemplo, la versión de que Daniel Scioli podría dar un paso al frente si Cristina opta por no seguir. En ese caso, el muleto de Scioli, Sergio Massa, sería el candidato a la gobernación. De más está decir que el cristinismo rechaza de plano cualquier alternativa que no sea la reelección presidencial. Hoy por hoy, el principal problema del Gobierno es la pérdida de la iniciativa política. La convocatoria a Carlos Reutemann para que concurriera a Olivos el miércoles pasado para subirse con bombos y platillos al carro triunfal del oficialismo, hasta ahora está fracasando. El santafesino sabría que está al borde de defraudar a sus seguidores, todos antikirchneristas, y optó por eludir la invitación. En sintonía, la crisis entre el cristinismo y José Manuel De La Sota subió su voltaje pese a las gestiones de Florencio Randazzo para llegar a un entendimiento que evite que el kirchnerismo y el PJ cordobés se presenten separados en la elección provincial del 7 de agosto. Tampoco prosperarían demasiado las gestiones para conseguir un candidato a vicepresidente que no sea del entorno presidencial. No sólo recibió ofertas Raúl Eugenio Zaffaroni, sino que también hubo un tanteo con el propio Presidente de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti. Pero este tipo de alquimias tienen el amplio rechazo de Carlos Zannini y los demás halcones. “Si Cobos nos traicionó, ¿se imaginan lo que va a pasar con Lorenzetti?”, ejemplifican. En la lista de males, hay que incluir que el escándalo Schoklender estaría restándole votos a Daniel Filmus. Casi desesperadamente, ayer se estaba a punto de decidir dar de baja a las dos listas colectoras que para diputados locales encabezan Aníbal Ibarra y Gabriela Cerruti, porque ambos trabajaron con Hebe de Bonafini y sus planes sociales. A Cerruti, en particular, podría estallarle otro escándalo del negocio de los derechos humanos, un faltante de un millón y medio de pesos cuando era directora ejecutiva de la Comisión de la Memoria bonaerense (gobierno de Felipe Solá) y se enfrentó por el tema con Estela de Carlotto, por entonces también en la misma comisión. Para recuperar la iniciativa, el Gobierno estaría por aplicar la receta tantas veces utilizada por Néstor Kirchner. Esto es, desatar uno o varios escándalos que tapen al que los afecta. Así es que, en la causa de la mafia de los medicamentos podrían quedar procesados varios sindicalistas más y alguno que otro podría terminar con prisión preventiva. Pero es dudoso que, en este caso, con esto sea suficiente.



Ganador sin jugar

Los sucesivos traspiés del gobierno, sumados al desgaste que le produce Schoklender-Bonafini, colocan al kirchnerismo a la defensiva por primera vez desde la derrota electoral del 28-j del 2009. En este contexto, Scioli parece ser el único dirigente del oficialismo que se beneficia con la reaparición de la corrupción oficial en el primer plano de la política. El ex motonauta está en las antípodas de las Madres de Plaza de Mayo y su administración, al menos hasta ahora, está a salvo de las denuncias que sacuden al gabinete nacional. Además, los ataques que sufriera por parte de Bonafini y sus socios ideológicos hoy lo benefician ampliamente. En otras circunstancias, de no estar las elecciones a la vuelta de la esquina, el kirchnerismo probablemente ya estaría atacando a Scioli para que no se fortalezca. Pero hoy esta conducta podría ser suicida. Un derrumbe del gobernador podría significar la derrota del FpV en el único distrito donde tiene una diferencia a favor muy importante. Así las cosas, los hechos hacen que el cristinismo se vaya volviendo sciolidependiente. En el nuevo escenario, de poco valen las banderas de La Cámpora y las movilizaciones en nombre de los derechos humanos. Si el escándalo sigue en primer plano, a la Presidente le quedaría refugiarse detrás del escudo del PJ y darles más protagonismo a los barones del peronismo. Todo lo contrario de lo que venía haciendo.

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