miércoles, 11 de mayo de 2011

MILITARES QUE QUIEREN ELECTORALMENTE SER GOBIERNO

La natural inquietud de colaborar en los destinos del país, pensando que, para hacerlo, es necesario formar parte de los gobiernos, algunos militares, bien intencionados, propician lograrlo mediante un “partido político militar” como el instrumento idóneo para hacerlo. Ello significa salir de la abstención y evitar caer en la violencia, pero no tiene en cuenta las dificultades y consecuencias de un accionar para el cual no se está preparado lo que debería llevarlos a descartarlo e implementar una adecuada “ingeniería” de participación.

Para ser gobernante, conforme las leyes, hay que transitar por el camino de la política pública dentro de las normas que determinan como postularse y ser elegido por la sociedad. Sin dudas ese es el único, verdadero y legal método por el cual todo ciudadano tiene la posibilidad de llegar a un cargo gubernamental dentro de la estructura estatal. Ese proceso es válido y concreto para todos los ciudadanos, lo que lo hace valido también para (nosotros) los militares como individuos. En los últimos tiempos, algunos militares, en su carácter de ciudadanos, al no encontrar plataformas partidarias que conformen sus ideales, propician la formación de partidos políticos militares, pero, se estima por el razonamiento que sigue, que no es conveniente conformarlos, por lo inconveniente que resultarían que como y desde un conjunto o agrupación de militares se intente un accionar político que no estaría conforme a lo que se puede considerar que es el perfil clásico de los mismos.

Se reconoce que la “política” es la forma genuina que tiene la sociedad para que llevar al poder institucional (gobierno) a los representantes de ideas, intereses o aspiraciones de una parte de la sociedad que, para lograrlo, se reúne en un “partido político”. Es decir, para llegar al poder de gobernar, es necesario unirse como lo determina la ley para conformar un conjunto lo suficientemente representativo que pueda elegir dentro de la proporción en la que esta fraccionada las acciones de los electorados. En nuestro país, la base de este fraccionamiento “debería” estar en el “federalismo”, tal como lo prescribe la CNA en su artículo 1., pero la realidad muestra que se conforma desde las ideologías y/o corporaciones, modificando el espíritu constitucional. Esta desviación institucional podría justificar, dando cabida a los militares como corporación, para llevar sus aspiraciones al ejercicio del poder electivo, si cuentan con las cantidades de votantes que se requiere. Un proceso similar se observa en ciertos sectores, como es el caso del campo o los sindicatos, que luego de un intento electoral identificador de los mismos, opto por formar parte de los partidos políticos, con la aclaración que, en sus funciones, “representarían” los intereses que les daban origen. La realidad ha mostrado que aun sus esfuerzos, no se alcanzan en estos casos las cantidades de legisladores que configuren con peso a estos grupos, lo que los lleva, finalmente, a incorporarse a las posiciones más importantes o “jugar” con su capacidad circunstancialmente. Debe tenerse en cuenta que, de lograrse estas ideas, los parlamentos se convertirían en representaciones “corporativas exclusivas” y no como es en el presente que son “ideologizas-corporativas”, lo que motivaría una modificación sustancial y absoluta de la esencia democrática de la que hacemos gala. La política debe ser la búsqueda del “consenso” desde posiciones diferentes y no una forma de “conflicto” originado por antagonismos irreversibles, vengativos y crueles entre sí. Cuando fallan los mecanismos de la democracia, como sería el caso actual nuestro, por la equivoca conformación de la participación para la representación, surge la abstención y/o la violencia que es un renunciamiento o una crueldad, respectivamente, para imponer lo que la razón, la lógica y la justicia deben tener como objetivos.

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